Deja que te cuente cómo llego todo, cuando ya no esperaba nada.

Darme permiso para no saber es la mayor sensación
de libertad que he experimentado.

Durante años viví en un estado de continua ansiedad, identificado con mis  pensamientos y anclado en el sufrimiento de la mente. La culpa, la exigencia y una profunda sensación de vacío, de que no estaba completo, me empujaban a la búsqueda compulsiva e insaciable de alguien o algo que me completara.

Esta incesante lucha por llegar a algún sitio, por intentar saber o comprender algo era agotadora, y el ruido de mi mente se hacía cada día más intenso. No había tregua. Estaba exhausto y asustado. Vivía en un constante estado de confusión e irrealidad y el miedo a morir me paralizaba.

En un intento por despertar del sueño asistí a numerosos cursos, formaciones, conferencias espirituales y fui en busca de grandes maestros.

Llegó un momento en que tenía tantas respuestas que creí que estaba al final de mi búsqueda, que había trascendido el ego, que estaba totalmente despierto, pero aún no llegaba el reposo.

Sentía la necesidad de trascender la mente del “yo sé” y darme permiso para“no saber“, incluso ir más allá del “darme cuenta” para llegar a Ser.

Estaba cansado de luchar por intentar ser alguien diferente de quien era.
Pero entonces ocurrió algo.

Y todo ocurrió en un instante. Sentí como experimentaba la disolución del cuerpo, observaba mi cuerpo pero yo no era el cuerpo. Tras unos momentos de miedo, confusión e incertidumbre, dejé la lucha, y abandonando toda resistencia, me entregué y mi miedo a  morir desapareció. Me dí cuenta de que mi mente quedaba libre de cualquier imagen o pensamiento sobre mí, que dejaba de  identificarme  con  el  “yo  soy” que  había  construido, libre de  toda creencia y apego,   permaneciendo en un estado de presencia total donde todo es acogido  y honrado.

No poseía nada, pero era todo.

Todo era percibido con una mayor intensidad, todo a mi alrededor estaba en paz y una intensa luz iluminaba todo. Sentí como trascendía los límites del cuerpo. Era uno con todo lo que me rodeaba y una profunda sensación de libertad y de unión con la totalidad , más allá de la forma y el tiempo, liberaba mi mente de todo pensamiento.

Desde entonces, la vida me viene dada, no es buscada. Mi sueño es reparador y cada vigilia una celebración. Se acabó búsqueda y llegó el encuentro: El Encuentro con la Vida.

Y si me preguntas, ¿quién soy? Soy presencia sin tiempo ni forma.
No soy un Maestro Espiritual. No soy un ser iluminado. Solo soy.

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